El Síndrome de Dolor Regional Complejo (SDRC), también conocido como CRPS, es una condición en la que el dolor continúa y aumenta, incluso cuando la lesión inicial ya debería haber sanado.
Aunque no es especialmente frecuente, su impacto es enorme:
Estudios internacionales estiman entre 5 y 26 casos por 100.000 habitantes, pero muchos pacientes no se diagnostican a tiempo, porque el dolor parece desproporcionado o difícil de explicar.
En la práctica clínica, aparece a menudo después de una fractura, cirugía, esguince o inmovilización, y afecta sobre todo a mujeres entre 45 y 70 años.
Lo más importante: se puede tratar, especialmente si se detecta pronto.
Para entender el SDRC hay que pensar en el sistema nervioso como una alarma que protege al cuerpo.
Cuando hay una lesión, la alarma se enciende (el dolor aparece).
Lo normal es que, al mejorar, la alarma se apague.
En el SDRC, la alarma se queda encendida, aunque ya no haya peligro.
Esto ocurre por tres mecanismos principales que trabajamos en consulta:a cara externa del muslo. Es clave distinguirlos porque el abordaje intervencionista y la neuromodulación cambian.
Tras la lesión, el cuerpo libera sustancias como Sustancia P, CGRP, IL-6 y TNF-alfa, que provocan hinchazón, calor y una gran sensibilidad. La inflamación exagerada impide que el sistema se “reinicie”.
En fases iniciales, la extremidad suele estar caliente y roja.
En fases tardías, se vuelve fría y azulada porque los vasos se contraen demasiado.
El cuerpo entra en un bucle de mala regulación.
El cerebro interpreta estímulos normales como peligrosos.
Una brisa, una sábana o un ligero roce pueden doler.
Esto es clave para entender por qué el SDRC no es “psicológico”: es un fallo en el procesamiento del dolor.
El SDRC suele comenzar con dolor intenso y desproporcionado después de una lesión o cirugía.
Ese dolor puede sentirse como quemazón, corriente eléctrica o como si la zona estuviera “desconectada”.
A medida que progresa, pueden aparecer:
Estas señales apuntan a que el sistema nervioso ha entrado en un estado de hiperprotección.

El objetivo principal es recuperar la función y reducir el dolor lo antes posible.
La ventana ideal de intervención es los primeros 3–6 meses.
En la Unidad del Dolor trabajamos con un plan escalonado:
El movimiento guiado, progresivo y controlado es la base de toda recuperación.
Incluye terapia de espejo, desensibilización y ejercicios suaves.
Utilizamos medicación específica que ayuda a calmar los nervios irritados y estabilizar la señal del dolor.
Esto permite avanzar en la rehabilitación.
En algunos casos, el uso de corticoides o fármacos moduladores ayuda a contener la inflamación exagerada.
En fases calientes puede utilizarse DMSO o tratamientos que regulan la microcirculación.
La vitamina C puede ayudar como profilaxis tras fractura o cirugía.
Cuando el dolor es tan intenso que no permite rehabilitar, existen tratamientos mínimamente invasivos que pueden cambiar el rumbo.
Son procedimientos percutáneos, realizados con aguja fina bajo ecografía o radioscopia.
No requieren ingreso y permiten retomar la rehabilitación rápidamente.
Es un procedimiento muy útil cuando el SDRC afecta el brazo o la mano.
Ayuda a “regular” la actividad del sistema nervioso simpático que controla la zona.
En muchos pacientes, reduce el dolor y facilita mover la extremidad.
👉 En este blog encontrarás un artículo específico dedicado al bloqueo del ganglio estrellado.
Indicado cuando el SDRC afecta a la pierna o el pie.
La técnica consiste en bloquear temporalmente la actividad simpática para mejorar circulación, calor y dolor.
En muchos pacientes actúa como “reinicio” del sistema.
Son útiles cuando el dolor es muy resistente.
Actúan sobre los receptores NMDA responsables de la sensibilización central.
Se aplican en condiciones controladas y con supervisión médica.
Cuando el SDRC lleva tiempo y no responde a otros tratamientos, la neuromodulación se convierte en una solución eficaz y segura.
En nuestra unidad utilizamos dos técnicas principales:
Consiste en colocar pequeños electrodos que modulan la señal del dolor en la columna.
Es reversible, regulable y ofrece alivio significativo a muchos pacientes.
Especialmente útil en dolor localizado del pie, tobillo, rodilla o mano.
Ofrece una precisión mayor que la estimulación medular tradicional.
La neuromodulación no se reserva como “último recurso”.
En casos seleccionados, debe aplicarse antes de que el SDRC se cronifique.
En fases iniciales, muchas personas se recuperan por completo con el plan adecuado.
Incluso en casos tardíos, se pueden conseguir mejoras notables en dolor y movilidad.
El punto crítico es no esperar a que el dolor avance.
Si después de una lesión o cirugía sientes que:
Es el momento de consultar.
Una valoración temprana puede marcar la diferencia.
¿Vives lejos? Puedes comenzar con una cita online para estudiar tu caso y evitar desplazamientos innecesarios.
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