Por Dr. Juan García Henares
Especialista en Medicina del Dolor. PhD.
Durante años, el bloqueo del ganglio estrellado (BGE) fue una técnica reservada casi exclusivamente para determinados tipos de dolor del miembro superior . Hoy, gracias a la investigación clínica y neurobiológica más reciente, sabemos que su alcance es mucho mayor.
No estamos hablando de una “infiltración más”, sino de una herramienta de neuromodulación capaz de influir sobre el sistema nervioso autónomo, la inflamación y los circuitos cerebrales del estrés. Esto explica por qué ha despertado tanto interés en patologías complejas como el síndrome de dolor regional complejo, el estrés postraumático o el Long COVID.
En este artículo te explico qué es, cómo actúa realmente y en qué situaciones puede tener sentido plantearlo, siempre desde una medicina basada en la evidencia.
El ganglio estrellado, también llamado ganglio cervicotorácico, es una estructura del sistema nervioso simpático. Anatómicamente suele formarse por la fusión del ganglio cervical inferior y el primer ganglio torácico, algo que ocurre en aproximadamente el 80 % de las personas.
Se localiza en la base del cuello, muy cerca de estructuras sensibles como la carótida, la arteria vertebral, el esófago y la pleura. Desde ahí, regula señales de alerta hacia la cabeza, el cuello, los brazos y parte del tórax, incluyendo el corazón.
Su relevancia actual no se debe solo a su anatomía, sino a su función como puente entre el cuerpo y el cerebro: conecta la respuesta física al estrés con centros cerebrales implicados en el miedo, la inflamación y la regulación autonómica.

Hoy en día, realizar un bloqueo del ganglio estrellado sin guía por imagen no tiene sentido.
En nuestra práctica utilizamos ecografía en tiempo real, lo que permite:
Que un procedimiento en el cuello influya en dolor, estrés o fatiga crónica puede parecer sorprendente. Sin embargo, hoy se explica y justifica desde la fisiopatología.
El bloqueo del ganglio estrellado es un procedimiento mínimamente invasivo que realizamos en un entorno controlado y, hoy en día, con ecografía en tiempo real para máxima precisión y seguridad: el paciente se coloca tumbado boca arriba, monitorizado, y tras anestesiar la piel introducimos una aguja fina guiándonos por la imagen para depositar el fármaco en el plano anatómico correcto (habitualmente un anestésico local, que es lo más usado y lo mejor establecido), pero en casos seleccionados y con objetivos distintos —por ejemplo, buscar un efecto más sostenido o un enfoque de neuromodulación diferente— existen variantes descritas en la literatura como la radiofrecuencia sobre la cadena simpática cervicotorácica, el uso de toxina botulínica y, en algunos protocolos, inyecciones con intención regenerativa o de modulación tisular; tras el procedimiento se observa al paciente unos 30–45 minutos y se marcha a casa el mismo día, siendo habituales efectos transitorios que indican que el bloqueo ha funcionado (sensación de calor en el lado tratado, ojo algo rojo o párpado ligeramente caído y, a veces, voz algo ronca durante unas horas), mientras que la mejoría de los síntomas puede notarse de forma rápida o en los días siguientes según la indicación.
No suele serlo. Se realiza con anestesia local y, en algunos casos, con sedación ligera. La mayoría de pacientes lo toleran bien.
Algunos cambios aparecen en minutos (sensación de calor, relajación). Otros, como el alivio del dolor o la mejora del sueño, pueden desarrollarse en los días siguientes.
Depende de la patología y del paciente. En algunos casos dura semanas o meses. En otros, se plantea dentro de un tratamiento secuencial.
El más frecuente es el síndrome de Horner transitorio (párpado ligeramente caído, pupila más pequeña), que indica que el bloqueo ha sido efectivo y desaparece en horas. Puede aparecer ronquera leve transitoria.
No. Es fundamental una valoración médica individual. No todos los dolores, ni todos los casos de ansiedad o Long COVID, se benefician de esta técnica.
No. Es una herramienta más dentro de un abordaje integral que puede incluir medicación, rehabilitación, psicoterapia y cambios en el estilo de vida.
El bloqueo del ganglio estrellado no es una moda ni una solución milagro. Es una técnica con base neurobiológica sólida que, en pacientes bien seleccionados, puede ayudar a desbloquear sistemas que llevan demasiado tiempo funcionando en modo de alerta.
Cuando se realiza con criterio médico, técnica ecoguiada y dentro de un plan terapéutico global, puede marcar una diferencia real en la calidad de vida.
Si crees que tu caso puede encajar (dolor regional complejo, síntomas persistentes tras COVID, o un estado de alerta corporal que no se apaga), lo mejor es valorarlo en consulta y ver si el bloqueo del ganglio estrellado tiene sentido para ti.
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