El dolor crónico afecta aproximadamente a una de cada cinco personas y condiciona su vida diaria, su estado de ánimo y su capacidad para moverse. Cuando hablamos de dolor crónico, solemos pensar inmediatamente en analgésicos, infiltraciones o cirugía. Sin embargo, cada vez hay más evidencia científica de que la nutrición y ciertos suplementos específicos pueden influir decisivamente en la inflamación de bajo grado, la sensibilización de los nervios y la respuesta del organismo.
No se trata de “curar” el dolor con pastillas naturales, sino de entender que el organismo es un sistema integrado: hueso, músculo, nervios, disco intervertebral, microbiota e inflamación de bajo grado forman parte de la misma ecuación.
En este artículo revisamos cuatro pilares clave que aparecen de forma repetida en la literatura científica sobre nutrición y dolor crónico:
Vitamina D
Magnesio
Ácidos grasos Omega-3 (EPA y DHA)
N-palmitoiletanolamida (PEA)
¿Por qué la nutrición importa en el dolor crónico?
La dieta moderna, rica en ultraprocesados, azúcares refinados y grasas proinflamatorias, favorece un entorno metabólico que mantiene encendida la inflamación de bajo grado. Este entorno influye directamente en:
· La sensibilización de los nervios.
· El estado y la recuperación muscular.
· La salud del hueso y el disco intervertebral.
· La respuesta del sistema inmunitario.
Además, se ha demostrado que muchas personas con dolor crónico presentan deficiencias de micronutrientes (como vitamina D, magnesio o vitaminas del grupo B), que pueden amplificar la percepción del dolor.
Nota del Dr. García: La intervención nutricional no sustituye a la medicina convencional del dolor, pero es un pilar complementario indispensable con un excelente perfil de seguridad.
Vitamina D: eje entre hueso, músculo, disco y dolor
Deficiencia de vitamina D y dolor crónico
La deficiencia de vitamina D se asocia clásicamente con la salud ósea, pero sabemos que también modula la inflamación, el músculo y el sistema nervioso. Varios estudios han observado:
· Las personas con dolor crónico severo presentan con mayor frecuencia niveles bajos de vitamina D.
· En fibromialgia y dolor generalizado, niveles bajos se relacionan con mayor intensidad de dolor y menor función física.
Vitamina D, artrosis y degeneración discal
Más allá del hueso, la artrosis y la degeneración discal, la vitamina D participa en la homeostasis de estructuras clave para el dolor lumbar. A nivel del disco intervertebral, la deficiencia puede activar vías inflamatorias, acelerando la degradación de la matriz. Asimismo, en la artrosis derodilla, la insuficiencia se asocia con sarcopenia (pérdida de fuerza muscular) que agrava el dolor.
¿Cuándo tiene sentido suplementar?
La evidencia científica muestra que los beneficios son claros en pacientes con deficiencia documentada. En la práctica clínica solemos:
Solicitar analítica de 25-OH-vitamina D.
Corregir el déficit con exposición solar segura y alimentación (pescado azul, huevos).
Suplementar bajo supervisión médica, ajustando la dosis según niveles basales.
Magnesio: freno de la sensibilización central
Magnesio y sistema nervioso
El magnesio actúa como “freno” natural del sistema nervioso. Es antagonista del receptor NMDA, implicado en el fenómeno de sensibilización central (por el cual el cuerpo amplifica las señales de dolor). Además, regula la entrada de calcio en la neurona, evitando la hiperexcitabilidad.
Dolor lumbar y contracturas
Los estudios poblacionales indican que los pacientes con dolor crónico severo suelen ingerir cantidades insuficientes de este mineral. El déficit favorece contracturas, calambres y rigidez muscular, habituales en dolor de espalda y artrosis.
Fuentes dietéticas primero
Antes de recurrir a suplementos, debemos revisar la despensa:
·Alimentos ricos en magnesio: frutos secos (almendras, nueces), semillas (calabaza), legumbres, cacao puro y verduras de hoja verde.
Omega-3: resolver la inflamación
EPA y DHA como mediadores
Los ácidos grasos Omega-3 (EPA y DHA) no solo bajan la inflamación, sino que la resuelven activamente. Son precursores de mediadores resolvinas y protectinas que “limpian” el tejido tras una lesión y reducen las citoquinas inflamatorias.
El equilibrio entre Omega-6 / Omega-3
El desequilibrio típico en la dieta actual (exceso de Omega-6 por aceites vegetales refinados, fritos y procesados) es proinflamatorio. Para pacientes con dolor lumbar o articular inflamatorio persistente se recomienda:
· Reducir ultraprocesados.
· Aumentar el consumo de pescado azul 2-3 veces por semana.
·Valorar suplementación de alta calidad (EPA/DHA) en casos de desequilibrio Omega-6/Omega-3.
PEA (N-palmitoiletanolamida): modulador de la neuroinflamación
Cómo actúa la PEA
La PEA es una amida grasa que nuestro propio cuerpo produce para controlar la inflamación sobre la glía (células que acompañan a las neuronas), reduciendo la neuroinflamación y la sensibilización del dolor. No es un analgésico sedante, sino un nutracéutico modulador.
Evidencia en dolor neuropático
Estudios clínicos han mostrado resultados positivos con PEA (especialmente en su forma ultramicronizada) en:
· Ciática y dolor lumbar crónico.
·Neuropatía diabética o postherpética.
· ·Fibromialgia.
Su gran ventaja es que actúa como coadyuvante: ayuda a que otros tratamientos funcionen mejor y, en ocasiones, permite reducir la dosis de fármacos más fuertes.
Cómo integrar esto en un plan real
No existe una “receta mágica” universal. Un abordaje razonable incluye:
Evaluación: Analizar el tipo de dolor y solicitar analíticas (vitamina D, perfil inflamatorio).
Dieta base: Promover un patrón mediterráneo real, eliminando ultraprocesados.
Suplementación dirigida: Solo si es necesario (ej. corregir déficit de vitamina D, magnesio o PEA en dolor neuropático).
Movimiento: Apoyar con magnitud en contracturas y PEA en dolor crónico adaptado.
Mensaje clave:
La nutrición clave no sustituye tu tratamiento médico, pero puede marcar la diferencia en cómo responde tu cuerpo al dolor. Corregir deficiencias y modular la inflamación desde dentro es parte fundamental de un tratamiento moderno e integral del dolor.
“Preguntas frecuentes sobre nutrición, suplementos y dolor crónico”
¿De verdad la alimentación puede influir en el dolor crónico? Sí. Sabemos que las dietas proinflamatorias (mucho ultraprocesado, azúcares refinados, grasas trans, exceso de omega-6) se asocian con más inflamación sistémica y mayor sensibilidad al dolor. Una alimentación tipo mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, proteínas de calidad y grasas saludables, se relaciona con menos dolor musculoesquelético y mejor función.
¿Qué papel tiene la vitamina D en el dolor crónico y la artrosis? La vitamina D no solo es “para los huesos”. Su déficit se ha asociado con más dolor crónico, peor función física, mayor progresión de artrosis de rodilla y más riesgo de debilidad muscular (sarcopenia). Corregir una hipovitaminosis D documentada puede ayudar a mejorar el dolor y la capacidad funcional en algunos pacientes.
¿Cuándo tiene sentido comprobar o suplementar magnesio en pacientes con dolor? Tiene sentido valorar magnesio en personas con dolor crónico, calambres o contracturas frecuentes, migraña, fibromialgia o baja ingesta dietética. El magnesio actúa como bloqueante fisiológico del receptor NMDA (implicado en sensibilización central) y de canales de calcio, y puede ayudar como coadyuvante, sobre todo si existe déficit. No sustituye a otros tratamientos, pero puede sumar.
¿Qué suplementos tienen mejor respaldo científico en dolor crónico? De forma muy resumida, los que cuentan con más evidencia son:
· Vitamina D (si hay déficit documentado) · Magnesio (en ciertas migrañas y dolor musculoesquelético) · Ácidos grasos omega-3 (EPA/DHA) · N-palmitoiletanolamida (PEA), especialmente ultramicronizada Siempre como complemento a un plan de tratamiento médico, no como sustituto.
¿Qué es la PEA y por qué se utiliza en dolor neuropático y lumbar? La N-palmitoiletanolamida (PEA) es un lípido endógeno con propiedades antiinflamatorias y neuromoduladoras. En su forma ultramicronizada mejora la biodisponibilidad y ha mostrado beneficios en dolor neuropático, dolor lumbar crónico y fibromialgia como tratamiento complementario. Modula mastocitos y glía, reduce neuroinflamación y puede permitir bajar dosis de analgésicos en algunos pacientes.
¿Los omega-3 realmente ayudan en el dolor articular y lumbar? Los omega-3 (EPA y DHA) participan en la resolución activa de la inflamación y reducen la producción de mediadores proinflamatorios. Una ingesta adecuada (dieta rica en pescado azul o suplementos bien pautados) se ha asociado con menos dolor en artrosis y con menor riesgo de dolor lumbar, además de reducir la necesidad de AINEs en algunos estudios.
¿Puedo tomar suplementos por mi cuenta si tengo dolor crónico? No es lo ideal. Aunque muchos suplementos se venden sin receta, pueden interactuar con medicación (anticoagulantes, antiagregantes, fármacos inmunosupresores…) o no ser adecuados en determinadas patologías renales, hepáticas o autoinmunes. Lo razonable es: analítica, valoración individual y luego decidir qué tiene sentido en tu caso.
¿Qué cambios básicos de alimentación recomendaría a un paciente con dolor crónico? Como base general (luego se individualiza):
· Aumentar fruta, verdura y alimentos frescos. · Priorizar aceite de oliva virgen extra, frutos secos y pescado azul. · Reducir ultraprocesados, refrescos azucarados, bollería y fritos. · Cuidar hidratación y evitar el exceso de alcohol. · En casos seleccionados, valorar con el especialista el papel de vitamina D, magnesio, omega-3 o PEA como coadyuvantes.
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